¿Pastoreas o arreas tu empresa? Es la clave del éxito de tu liderazgo.

Categoría: Liderazgo | Publicado por Carmen Salas

Si no tienes tiempo de leerlo, te damos la opción de oírlo 😉

La ganadería nos da una gran lección de liderazgo que todos los que estamos al frente de equipos debemos tener presente porque de ello depende nuestro éxito.

¿Alguna vez has visto a un pastor de ovejas llevando a su rebaño? Él va delante y las ovejas le siguen donde sea que va. Las llama y ellas acuden porque conocen su voz y confían en él.

Sin embargo, existe otra forma de transportar un rebaño: arrearlo. La gran diferencia es que los animales no siguen al arreador por su confianza en él, sino que sólo obedecen por la autoridad que les impone su vara, sus gritos y sus coerciones.

Uno de los “pastores” más destacados de la historia fue Alejandro Magno. Cuentan que sus soldados estaban dispuestos a seguirlo y dar la vida por él. No por lo que les pagaba, ni por miedo a los castigos que podría imponerles, sino porque lo amaban.

Cruzando el desierto de Gedrosia le trajeron agua para que saciara su sed. Al coger el recipiente preguntó si sus soldados ya habían bebido. Le explicaron que no había agua y que la poca que consiguieron se la habían traído a él. Entonces derramó el agua en la arena para que sus tropas supieran que él padecía a la par que ellos.

Si la razón de tu equipo para estar contigo es porque les pagas o porque les impones tu autoridad, en cuanto reciban una propuesta mejor, se marcharán sin dudarlo.

Pero si tu equipo te ama…

Cuentan que varios de los empleados de Rolls Royce aman su empresa hasta el punto de rechazar jugosas ofertas de la competencia porque prefieren permanecer en esta emblemática enseña.

¿Cómo ser un pastor y no un arriero?

Posiblemente pienses que eso es un mito, que muy pocos líderes lo consiguen porque la gente está “por la pasta”. Sin duda, eso es importante pero no lo es todo en absoluto.

Tenemos la suerte de haber visto varios “pastores en acción” en empresas cercanas, algunas grandes y otras pequeñas, el tamaño es lo de menos para ejercer un buen liderazgo. Hemos comprobado que todos comparten las cualidades que ahora te contamos.

1. Valoran e inspiran a las personas

“Se que él cree en mi capacidad y eso me ha inspirado a convertirme en la profesional que soy hoy”. Así se expresaba hace unos días la directora de una organización refiriéndose a su jefe. Se trataba de una experta que, hace un tiempo atrás, se sentía muy frustrada trabajando para una consultora multinacional muy conocida.

Digamos que pasó de ser “arrieada” a ser “pastoreada” y eso iluminó su vida.

2. Crean interdependencia

Crean consciencia de que si hacemos algo mal perjudicamos a los compañeros (no sólo a la empresa) y si hacemos algo bien, los beneficiamos. Todos somos interdependientes porque somos un equipo cuidándonos y apoyándonos.

3. Son empáticos

Volviendo al ejemplo de Alejandro Magno, el acto de derramar el agua era una manifestación de que comprendía y se ponía en el lugar de los suyos actuando en consecuencia.

4. Preguntan

Los grandes líderes son grandes preguntones. Saben escuchar y sopesar antes de decidir.

5. Se comunican

Ofrecen orientación, expresan sus expectativas de rendimiento, son portavoces de los logros de los demás, son cercanos y abiertos.

6. Son decididos

Un indeciso jamás logra que le sigan. Los “pastores” tienen las ideas claras, saben cuál es su norte y toman las deciciones que correspondan para avanzar por el buen camino.

7. Comparten sus conocimientos

Transmitir el saber hacer es síntoma de seguridad en sí mismo, de generosidad pero también de inteligencia. Porque cuánto mejor se sepan hacer las cosas, más beneficios obtendrá el líder, la organización y todo el equipo. Quienes no comparten lo que saben suelen quedarse solos porque, ¿para qué seguirlos?

Si tienes dudas sobre tu liderazgo, hay una pregunta que te ayudará a detectar si eres un pastor o un arriero.

Imaginate que tu empresa se ha ido a pique. Tienes que volver a empezar de cero. Ahora responde con toda franqueza ¿Cuántos de tu equipo asumirían el riesgo de seguirte? Si crees que lo harían, ¡felicidades! ¡sigue así! En caso contrario, quizás te convenga derramar el agua en la arena y comenzar a entonar para que reconozcan tu voz, confíen en ti y te sigan como al buen pastor.

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